Turquía está siendo sometida a una movilización de Estado policial a la sombra de la 36ª Cumbre de la OTAN, que se celebrará en su capital, Ankara, los días 7 y 8 de julio. Mientras se prepara para darles la bienvenida al presidente estadounidense Donald Trump —quien dirige la guerra de agresión contra Irán e hizo posible el genocidio en Gaza— y a otros criminales de guerra imperialistas, el régimen del presidente Recep Tayyip Erdoğan busca suprimir toda oposición a la guerra, el genocidio y el militarismo.
La Gobernación de Ankara colocó la capital bajo un estado de emergencia de facto, prohibiendo todas las manifestaciones, declaraciones de prensa, huelgas de hambre y la distribución de panfletos en toda la ciudad durante 13 días, del 28 de junio al 10 de julio. A esto le siguió, el martes por la mañana, la detención de 209 personas en redadas domiciliarias simultáneas en numerosas provincias. Tras el arresto de más de 30 activistas anti-OTAN en semanas anteriores, esta operación tuvo como objetivo a representantes de partidos y organizaciones de masas contrarios a la guerra, periodistas, académicos y abogados.
Durante el mismo período, se llevaron a cabo operaciones contra el Municipio de Adalar en Estambul y el Municipio de Silifke en Mersin, ambos gobernados por el Partido Republicano del Pueblo (CHP, por sus siglas en turco), de orientación kemalista. Decenas de personas, incluidos alcaldes electos, fueron arrestadas, y el derecho constitucional a votar y ser elegido fue violado una vez más sin ningún fallo judicial: el alcalde de Adalar, Ali Ercan Akpolat, y el alcalde de Silifke, Mustafa Turgut, fueron destituidos de sus cargos por el Ministerio del Interior.
El Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) y los Partidos de la Igualdad Socialista afiliados a él condenan esta represión generalizada del Estado policial y exigen la liberación inmediata de todos los presos políticos. Además de la campaña del Sosyalist Eşitlik Partisi en Turquía, el Sozialistische Gleichheitspartei (SGP) en Alemania realizó una concentración el miércoles frente a la Embajada turca en Berlín y quiso entregar una Carta Abierta al embajador exigiendo la libertad de Ercan Akpolat, otros políticos electos y activistas anti-OTAN. La embajada se negó a aceptar la carta, confirmando así el carácter político de las operaciones.
Las operaciones dirigidas contra estos municipios son los últimos movimientos de una campaña judicial en curso, políticamente motivada, contra el CHP. Esta ola de represión se desencadenó cuando el CHP superó al Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) del presidente Erdoğan para convertirse en el partido líder a nivel nacional en las elecciones locales de marzo de 2024, y cuando el alcalde metropolitano de Estambul, Ekrem İmamoğlu (CHP), se situó por delante de Erdoğan en las encuestas. El arresto de İmamoğlu en marzo de 2025 fue seguido por operaciones y arrestos similares dirigidos contra docenas de municipios. El mes pasado, un tribunal se extralimitó en su competencia para destituir a la dirección electa del CHP bajo Özgür Özel.
Estas medidas constituyen las dos caras de la respuesta del régimen de Erdoğan a la guerra imperialista que envuelve las fronteras de Turquía y a la explosión social que se gesta en el interior. El régimen busca gestionar esta crisis insoluble construyendo una dictadura presidencial, haciéndolo con la aprobación del presidente estadounidense Donald Trump y de las capitales europeas, y en nombre de la burguesía turca. Al mismo tiempo, la suspensión progresiva de las normas constitucionales y legales en Turquía sirve como ejemplo e inspiración para las élites gobernantes estadounidenses y europeas, que enfrentan la misma crisis.
La importancia de la operación contra el Municipio de Adalar va más allá del intento de Erdoğan de neutralizar a su rival político, el CHP. Büyükada (Prinkipo, parte de Adalar) es la isla donde León Trotsky pasó sus años de exilio entre 1929 y 1933, donde —junto a Mi vida y La Historia de la Revolución Rusa— escribió obras de importancia crítica contra el ascenso del fascismo y contra el estalinismo, y donde en 1933 lanzó el llamado a fundar la Cuarta Internacional. Junto con Vladimir Lenin, Trotsky dirigió el régimen soviético, cuyo apoyo militar y político desempeñó un papel decisivo en la victoria de la guerra de liberación nacional de Turquía de 1919-1922. El propio presidente Mustafa Kemal Atatürk reconoció el papel de este apoyo en 1929.
Desde 2023, el World Socialist Web Site ha llevado a cabo una colaboración de principios con el Municipio de Adalar y Akpolat, en el marco de los eventos de la 'Conmemoración Internacional de León Trotsky' que se celebran en la isla cada agosto y del proyecto para transformar la casa de Trotsky en un centro cultural internacional. La operación también amenaza objetivamente este proyecto de memoria histórica de importancia internacional.
La purga de Erdoğan de sus rivales políticos es parte del colapso de las formas democráticas de gobierno a nivel internacional. Lo que está ocurriendo en Turquía cobró impulso con el regreso de Trump al poder en Estados Unidos y su guerra contra los derechos democráticos básicos. En Europa, las élites gobernantes están elevando el gasto militar a niveles récord e imponiendo recortes sociales, mientras promueven fuerzas de extrema derecha e intensifican la represión contra la creciente oposición entre trabajadores y jóvenes.
En Turquía —un país que lleva el sello del desarrollo capitalista tardío y uno de los centros clave de la geopolítica global— las contradicciones internacionales y de clase ya no son compatibles ni siquiera con las normas democráticas más limitadas.
Una fuerza impulsora detrás de esta represión es la guerra que rodea a Turquía. La OTAN se reúne en Ankara en un momento en que, bajo el liderazgo de las potencias europeas, está escalando la guerra contra Rusia y obligando a los Estados miembros a un gasto militar récord. El frágil alto el fuego en la guerra de Irán no ha calmado el impulso del imperialismo estadounidense por la dominación total de Oriente Medio y del mundo; lejos de disminuir esta ofensiva, el desastre en la guerra de agresión contra Irán solo la hará más temeraria. Todo esto es, en última instancia, parte de los preparativos para la guerra contra China y la nueva división imperialista del mundo. Al mando del segundo ejército más grande de la OTAN, Erdoğan estrecha sus lazos con sus aliados imperialistas mediante refuerzos de defensa aérea y un cuartel general naval establecido en Estambul contra Rusia.
El régimen de Erdoğan busca evitar que los poderosos sentimientos antiimperialistas de la población estallen en forma de un movimiento de masas contra la guerra y el genocidio. Las encuestas muestran que más del 90 por ciento de la población de Turquía se opone a la guerra contra Irán y a las bases estadounidenses en el país. Erdoğan, por su parte, a pesar de sus críticas retóricas al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, facilita el flujo de petróleo azerbaiyano hacia Israel, expande la presencia de Estados Unidos y la OTAN en el país, participa en el 'Consejo de Paz' de Trump para Gaza y —en la guerra contra Irán— condena la legítima represalia de Irán en lugar de la agresión estadounidense. La construcción de una dictadura presidencial es un intento de cerrar este abismo por la fuerza: el abismo entre los vínculos de la clase dominante turca con el imperialismo y sus intereses reaccionarios, por un lado, y el sentimiento antibélico de las masas trabajadoras, por el otro.
Otro factor importante que acelera el colapso de la democracia es el nivel sin precedentes de desigualdad social y la intensificación de las luchas de clases. Turquía se encuentra entre los países con mayor desigualdad social de Europa. Mientras la oligarquía financiera acumula riqueza sobre riqueza, los trabajadores están atrapados en una crisis del costo de vida cada vez peor. Esta polarización se expresa cada día en nuevas luchas: docentes del sector privado luchando en Ankara por un salario base garantizado y condiciones de trabajo dignas; trabajadores que han derribado barricadas de la gendarmería para tomar una mina, desafiado el asalto armado de matones corporativos y se han rebelado contra las burocracias sindicales. La clase dominante turca está sentada sobre un polvorín social, y la represión del Estado policial apunta cada vez más directamente a la clase obrera y a la amenaza de revolución social que emana de ella.
Aunque el CHP es un blanco de la represión de Erdoğan, es completamente incapaz de dar una respuesta progresista a esta crisis. El CHP —o cualquier otro partido burgués— es, por su propia naturaleza, incapaz de defender consecuentemente los derechos democráticos u oponerse al imperialismo. El CHP es el partido de Atatürk, quien fundó la República de Turquía en 1923. Es un partido que representa los intereses de la misma clase dominante que el AKP y está profundamente atado al imperialismo de la OTAN. La retórica de 'resistencia' de Özgür Özel a la represión se ha convertido rápidamente en aquiescencia, porque Özel, al igual que Erdoğan, teme por encima de todo el desarrollo de un movimiento independiente de la clase obrera que sacudiría los cimientos del sistema capitalista y del dominio burgués.
Por esta razón, Özel no apela a la clase obrera sino a sus enemigos y a los enemigos de la democracia: las potencias imperialistas de la OTAN. En un artículo que escribió para la revista Newsweek, advirtió a estas potencias que la creciente oposición social al gobierno de Erdoğan había llegado a un punto fuera de control, y que las consecuencias de una explosión revolucionaria los afectarían también a ellos. No se podría demostrar más claramente que los derechos democráticos no pueden defenderse bajo el liderazgo de un partido burgués dependiente del imperialismo.
Todo esto demuestra en la práctica la corrección de la teoría de la revolución permanente de Trotsky. En la época del imperialismo, ningún sector de la burguesía en los países de desarrollo capitalista tardío es capaz de establecer un régimen democrático, lograr la independencia del imperialismo o responder a las aspiraciones sociales de los trabajadores. La tarea de detener la guerra imperialista, asegurar los derechos democráticos del pueblo kurdo y de todos los oprimidos de la región y poner fin a la desigualdad social recae sobre la clase obrera en Turquía e internacionalmente. La lucha por los derechos democráticos y sociales no puede separarse de la lucha contra el imperialismo. Esto significa la lucha por una Federación Socialista de Oriente Medio, basada en la perspectiva de la revolución socialista mundial.
La crisis en Turquía demuestra que no hay solución al colapso global de la democracia burguesa dentro de las instituciones capitalistas existentes. El único camino a seguir es el establecimiento del poder obrero mediante la movilización revolucionaria de la clase obrera. Esta es la perspectiva por la que luchan el Comité Internacional de la Cuarta Internacional y su sección turca, el Sosyalist Eşitlik Partisi.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 25 de junio de 2026)
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