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Se teme que miles hayan muerto en Venezuela tras el terremoto más fuerte en 125 años

Equipos de búsqueda y rescate en Caracas [Photo: Policia Nacional Bolivariana]

Poco después de las seis de la tarde del miércoles, la costa norte de Venezuela fue sacudida por dos enormes terremotos, un sismo precursor de magnitud 7,2 seguido 39 segundos después por un sismo de magnitud 7,5.

En la capital, Caracas, y en Trujillo, Carabobo, Aragua y La Guaira, decenas de edificios —con sus habitantes aún dentro— quedaron reducidos a escombros.

La cifra confirmada de muertos ha aumentado a 188 personas, con otras 1.520 heridas, según las últimas cifras proporcionadas por la presidenta interina Delcy Rodríguez.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) emitió de inmediato su alerta más grave de 'alto número de víctimas y daños extensos', lo que indica una alta probabilidad de que las víctimas se cuenten por miles o incluso decenas de miles.

Organizaciones de la sociedad civil que recopilan listas de desaparecidos solo en La Guaira ya habían registrado varios cientos de nombres, y un sitio web vinculado a partidos de la oposición de derecha había reunido más de 37.600 informes de personas desaparecidas.

Los sismólogos han descrito la magnitud como el resultado de un siglo de energía acumulada, y el USGS concluyó que fue el terremoto más fuerte desde 1900.

Pero la escala y letalidad de la catástrofe no solo han sido determinadas por las ondas sísmicas, sino también por décadas de sanciones imperialistas, agresión militar, el gobierno capitalista corrupto bajo el chavismo y ahora la recolonización abierta del país por parte de Washington.

Horas después de los temblores, amplias zonas de Caracas y sus alrededores seguían sin electricidad.

Rodríguez se dirigió a la nación horas después de los terremotos, declarando el estado de emergencia, suspendiendo las clases y el transporte público, y confirmando que el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, ubicado en las afueras de Caracas, estaba cerrado debido a 'graves daños'.

Un ingeniero estructural veterano, Kenneth O'Dell, dijo a CNN que los edificios más antiguos construidos antes de principios de los años 70, bajo códigos de construcción anteriores y más débiles, eran particularmente vulnerables al colapso. El USGS señaló que muchas estructuras en la región están construidas con ladrillo reforzado y bloques de adobe, materiales con una susceptibilidad bien documentada a la destrucción sísmica.

Un funcionario venezolano dijo a la cadena colombiana Caracol que la ciudad más afectada fue La Guaira, donde decenas de edificios se derrumbaron, incluidas muchas estructuras levantadas después de la tragedia de Vargas de 1999.

Los deslaves e inundaciones de Vargas en diciembre de 1999 mataron a decenas de miles a lo largo del mismo corredor costero norte que soportó lo peor de la destrucción del miércoles. Ese desastre arrasó con lo que hoy es el estado de La Guaira, destruyendo más de 8.000 viviendas y 700 edificios de apartamentos.

En los 26 años transcurridos desde entonces, La Guaira fue reconstruida pero, como lo demostró la noche del miércoles, sin la resistencia sísmica que la ubicación y la ciencia exigían.

Tampoco faltaron advertencias, pero fueron ignoradas por quienes ocupaban posiciones de poder. Un estudio dirigido por Penn State concluyó que el límite de placas Caribe–Sudamérica estaba 'preparado' para un terremoto poderoso y que las fallas bloqueadas a lo largo del Sistema de Fallas de Boconó-Morón-El Pilar podrían generar un evento de hasta magnitud 8, con consecuencias catastróficas para Caracas y las áreas urbanas circundantes.

El geólogo argentino Andrés Folguera explicó a A24 que la ciencia de los terremotos solo recientemente se está acercando a la capacidad de predecir cuándo ocurrirá un terremoto, pero por ahora, 'lo único que podemos saber es dónde ocurrirá, así que lo que falta aquí son edificios sismorresistentes adecuados al nivel de peligrosidad sísmica de la zona'.

Como escribió el WSWS al analizar los terremotos de Turquía y Siria de 2023, la respuesta y el impacto de tales eventos siempre están socialmente determinados. 'El denominador común', afirmó David North en ese momento, 'es siempre la subordinación de la vida a las ganancias'. Las muertes en Venezuela la noche del miércoles no tenían por qué ocurrir.

Los equipos de búsqueda y rescate de todo el continente viajan a Caracas, mientras que numerosas iniciativas de recolección de ayuda ya se han establecido a nivel internacional. Los informes desde Caracas, sin embargo, apuntan al carácter lamentablemente inadecuado de las operaciones de rescate: los pocos equipos de emergencia desplegados van de casa en casa pidiendo a los residentes que presten palas y herramientas básicas para sacar a los sobrevivientes de los escombros. El equipo pesado necesario para realizar esta tarea brilla por su ausencia.

El imperialismo estadounidense tiene responsabilidad directa

El terremoto ha dejado al descubierto el estado decrépito del andamiaje social del país —especialmente la vivienda, el sistema de salud y la infraestructura pública— que ha sido sistemáticamente estrangulado por más de una década de sabotaje económico y político estadounidense.

El régimen de sanciones de Washington contra Venezuela —mantenido a lo largo de múltiples administraciones— ha sido explícitamente diseñado para subyugar a los venezolanos mediante el hambre, la enfermedad y el sufrimiento masivo. Ya en 2021, la relatora especial de la ONU, Alena Douhan, concluyó que las sanciones estadounidenses habían 'exacerbado crisis preexistentes' y bloqueado la importación de 'maquinaria, repuestos, medicamentos, alimentos, insumos agrícolas y otros bienes esenciales'.

Como resultado, la capacidad para atender a miles de víctimas heridas es prácticamente inexistente.

Durante años, estas sanciones impidieron que Venezuela importara materiales de construcción capaces de mejorar el parque de viviendas, equipos médicos para atender eventos con víctimas masivas, productos químicos para el tratamiento del agua y componentes para mantener la red eléctrica. Cuando los terremotos golpearon el miércoles por la noche, los hospitales ya estaban colapsados, la infraestructura ya estaba degradada, la población ya estaba debilitada por años de privaciones impuestas deliberadamente.

Ahora Trump ha anunciado en redes sociales: 'Los dos grandes terremotos que acaban de golpear al gran pueblo de Venezuela son de escala masiva y han dejado un número devastador de muertes. ¡EE.UU. está listo, dispuesto y capacitado para ayudar!'. Washington anunció que enviaría equipos de búsqueda y rescate, suministros médicos y humanitarios, y otros recursos.

Esta es la misma administración Trump que el 3 de enero de 2026 envió fuerzas especiales estadounidenses para secuestrar al presidente Nicolás Maduro en lo que constituyó una guerra de agresión no provocada, lanzada en flagrante violación del derecho internacional. El propio Trump se jactó de la operación como un 'secuestro' y declaró que Venezuela sería 'dirigida' por los funcionarios de su gabinete.

Así como Washington utilizó el terremoto de 2010 que devastó Haití como pretexto para enviar unos 20.000 soldados estadounidenses, el desastre actual será sin duda aprovechado para facilitar el despliegue de fuerzas de ocupación en Venezuela para controlar mejor el país.

En los seis meses transcurridos desde la invasión, Venezuela ha sido convertida en una semicolonia, totalmente subordinada a la estrategia del imperialismo estadounidense, y que ha entregado el control sobre la extracción y comercialización de las mayores reservas probadas de petróleo del mundo a Washington y sus socios corporativos.

En las últimas semanas, fuerzas militares estadounidenses y venezolanas han realizado operaciones conjuntas en el interior del país, rico en minerales, atacando operaciones informales de minería de oro en el Arco Minero del Orinoco para despejar el camino a las corporaciones mineras transnacionales que buscan acceso sin oposición a los vastos yacimientos de Venezuela. Estas operaciones, que culminaron con el asesinato extrajudicial de Héctor Guerrero Flores, conocido como 'Niño Guerrero', presunto líder de la banda del Tren de Aragua, revelan con brutal claridad las verdaderas prioridades de ambos gobiernos.

Este es el contexto en el que la presidenta interina Rodríguez —quien había asegurado en secreto a funcionarios estadounidenses y cataríes de antemano que los círculos gobernantes de Venezuela recibirían con agrado la destitución de Maduro— declara ahora el estado de emergencia, que servirá para intimidar o reprimir la ira social y para promover los intereses de sus amos imperialistas.

La negligencia criminal en materia de vivienda en Venezuela también recae sobre los gobiernos chavistas de Hugo Chávez, Nicolás Maduro y ahora Delcy Rodríguez, que han ocupado el poder desde 1998.

Durante casi tres décadas, contaron con uno de los mayores ingresos por exportación de petróleo del mundo y se proclamaron la vanguardia de una 'Revolución Bolivariana' y del 'Socialismo del Siglo XXI'. Sin embargo, los bloques de apartamentos de hormigón y adobe de mediados del siglo XX que se desplomaron la noche del miércoles en Los Palos Grandes y La Guaira se erigen como un monumento a su legado.

Un gobierno genuinamente socialista, comprometido a anteponer la vida y la seguridad humanas a las consideraciones de ganancia, habría utilizado esas décadas de riqueza petrolera para reforzar, reconstruir y poner sistemáticamente la vivienda y la infraestructura pública del país en conformidad con los códigos sísmicos modernos.

Cuando los precios del petróleo se desplomaron y el imperialismo estadounidense intensificó sus sanciones, al no haber desarrollado el país, los chavistas impusieron la crisis sobre las espaldas de la clase obrera.

Las organizaciones de la pseudoizquierda —los pablistas, los morenistas y los defensores académicos del 'bolivarianismo' en toda América Latina y más allá— cargan con una pesada parte de responsabilidad por esta debacle. Durante dos décadas, canalizaron la oposición de la clase obrera hacia ilusiones en el nacionalismo burgués, promoviendo el chavismo como una alternativa progresista e impidiendo que los trabajadores desarrollaran un programa socialista independiente e internacionalista.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 26 de junio de 2026)

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